De causas y efectos

La necesidad de recuperar una identidad propia y una hoja de ruta ideológica acentuada ya no parece ser una opción sino una necesidad. La elección del populista y vulgar presidente de Estados-Unidos así como las hipotéticas llegadas al gobierno de partidos xenófobos en Holanda y Francia no son una causa de los futuros males venideros, sino el resultante de una serie de dejadez ideológica y política que el liberalismo – marco paradigmático de nuestras sociedades desde los años 70- y los partidos “moderados” progresistas han permitido. La consecuencia de unos errores de praxis que los partidos de “izquierda” deberían de no eludir, sino de analizar y rectificar para poder ser un cortafuegos en los próximos años para evitar que se extienda como una epidemia.

Como bien apuntaba uno de los redactores jefes de ‘The Economist’ Matt Steignlass en su artículo “Ola populista”, el apoyo popular hacia partidos y personajes como Donald Trump o sus homólogos extremistas en países europeos no es logro exclusivo de estos partidos radicales o alternativos, sino culpa de la falta de identidad de lo que ahora llamamos partidos tradicionales. Y con razón.

Si bien es cierto que dichos movimientos podrían diferenciarse en dos categorías según de qué país se trate y según las principales motivaciones que llevan los ciudadanos a votarles (para unos, movimientos claramente xenófobos y con miedo a la inmigración, para otros la sofocación de la clase media), no deja de haber un claro paralelismo entre los mecanismos que han llevado a ello. La falta de soluciones eficaces y medianamente rápidas a problemas como el empobrecimiento de nuestros conciudadanos, la corrupción, el paro, la inseguridad, (etc…) y el desapego identitario con las élites políticas, han dejado un espacio en el escenario político que grupos políticos más o menos nuevos (o viejos) han ocupado con una facilidad y rapidez asombrosa.

Desgraciadamente, frente a esos problemas y a la subida de esos partidos (o candidatos políticos) alternativos y en muchos casos peligrosos, las principales fuerzas progresistas y conservadoras no han hecho más que reforzar posiciones cada vez más parecidas, tratando de cortar de cuajo la subida de esa espuma chisposa, en vez de hacer frente a las peticiones de la ciudadanía desde sus respectivas líneas ideológicas. Así pues y recogiendo el concepto de Steignlass, se priorizó la creación de “un cordón sanitario” con grandes coaliciones a la implantación de políticas reajustadas a los nuevos tiempos y a las esperas de los ciudadanos. En otros términos y haciendo una corta retrospectiva, se consolidó ese ‘establishment’ de las élites políticas y económicas que llevan décadas dictando el orden social, y  años cansando a la población que ha visto sus derechos y monederos menguar en detrimento de unos pocos, con conceptos de izquierda/derecha que ya no significan nada (en EEUU la riqueza del 1% de la población se ha duplicado en 2007 en un 17%). Pero eso no fue todo. Nos empecinamos a tratar cualquier corriente con un sentido diferente como estúpidas, sin moral y sin criterio. ¡Equivocadamente! No nos dimos cuenta que detrás de cualquier partícula está su masa, que es la que la impulsa y la que le permite avanzar. Recuerden, la fuerza atractiva es “directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa“; así pues, cada vez que se insultaba a esa masa, más distancia separaba unos de otros y más impulso cogía para separarse de “nuestras” élites moderadas. Insultar a los votantes fue y es una equivocación que nos separa cada vez más de un entendimiento y de un convergencia ideológica. Más votos para Trump, Wilders, Lepen & Co.

Volviendo a nuestro país, el Partido Socialista Obrero Español no queda fuera de este esquema y ha de hacer un trabajo de introspección, de orientación ideológica y de coherencia futura, para lograr recuperar la ilusión de sus militantes, el interés de sus prófugos y el respeto de sus adversarios políticos. Los errores y las malas cifras de los pasados comicios no se pueden achacar como tratan de hacerlo muchos de sus líderes a una sola persona, y ni tan siquiera a una serie de pactos o desencuentros. La falta de respaldo de la población española al Partido Socialista es esencialmente culpa de la falta de una hoja de ruta que se ha ido borrando con el paso de los años y el conformismo de sus élites que se han olvidado de lo que la sociedad más humilde, trabajadora y frágil les pedía: un verdadero partido de izquierdas. Y este no es un caso único para los que quisieran tachar ahora a la ciudadanía de inculta o placentera con la derecha: el PS francés y la decadencia de sus establecidos -y discordantes- líderes lo ha demostrado en estas últimas primarias.

Los datos sociodemográficos de los militantes del PSOE demuestran una clara fractura entre las generaciones futuras, preparadas pero abandonadas, y la identidad de un partido que nos les atrapa y parece no saber dar nada más que pasos en falso. Qué decir pues de los que simplemente son simpatizantes o afines. Un poco de aquí, un poco de allí, y mucho jaleo con tal de ahogar un candidato molesto al puro estilo jacobino. Pero lejos de ver las exigencias internas, las esperas de los ciudadanos y los peligros por venir, sus líderes siguen yendo por un falso camino retroalimentado por un corrillo de bufones sin verdadera pertenencia ideológica que alimentan sus egos y logran creerse cambios legislativos y sociales memorables que no lo son. Esto parece haberse convertido en el comité de la salvación* con muchos Robespierre a la cabeza.

Con todo esto, urge restablecer un movimiento y una hoja de ruta, a través de una confrontación interna -ideológica entiéndase- imprescindible. Sin trucos ni artimañas. Una hoja de ruta que deberá de recuperar el espacio perdido hacia la izquierda con soluciones radicales pero posiciones democráticas. Una hoja de ruta que demuestre una apertura hacia lo que se sitúa a la izquierda y un rechazo a un paradigma social y económico que nos separa de la ciudadanía. O el PSOE vuelve a ser el partido de la clase media, o los progresistas no podremos afrontar los desafíos nacionales e internacionales que se avecinan, dejando sitio a lo que ya vemos en otros países. No hay medias tintas: ideología y coherencia, o fracaso.

El comité de la salvación* era el órgano ejecutivo instaurado durante el periodo del ‘Terror’ en Francia tras la revolución.
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