¿Dónde estás Europa?

En su recién artículo de opinión, Joaquín Estefanía reflexionaba sobre la posibilidad de tener una Europa fallida cuya capacidad de hacer frente a los muchos desafíos que aparecen es mediocre. Tras los atentados de Bruselas, podríamos decir que este es un síntoma más de su ineficacia en materia de políticas coordinadas y de seguridad – tanto de la Europa Unida como de los estados por separado-. Tras París, en su día Madrid y Londres, y los incesables ataques en oriente próximos que han logrado más víctimas que todos estos últimos juntos, las políticas europeas y estatales parecen seguirse en líneas paralelas pero que no se cruzan logrando ineficacia. No porque no logren pararlos, ya que sería una mentira crasa decir que existe fórmula mágica a ello; sino por no poner los medios necesarios a su prevención y a la contención de sus efectos.

Su prevención porque, dejando de lado toda la trama geopolítica que existe tras todo lo que ocurre y que ciertamente ha de ser mesa de debate pública (guerras en oriente próximo, etc…) , a pesar de la eficiencia de los servicios de inteligencia y de seguridad, la eficacia no es la deseada. Eficientes son; eficaces lo podrían ser si nuestros gobiernos ponen más medios y presupuesto en el desarrollo de su labor. Los gobiernos han de dotar nuestras fuerzas de seguridad de más preparación, tomando referencia de los que hemos estado viviendo el terrorismo durante años; de protección y de herramientas suficientes, tanto legales como materiales para reducir al máximo el margen de acciones sorpresas que puedan tener los que quieren hundir la libertad. Pero sobre todo, han de trabajar de manera más conjunta y coordinada, poniendo en alerta no nuestros miedos, sino nuestras sociedades en su conjunto porque ellas son las que están en peligro.

Y decía que Europa ha fallado en la contención de los efectos de los terroristas. El rigorismo religioso, máxima expresión de la “locura metafísica” de desalmados y criminales fanáticos, ha logrado lo que pretendía: asustar y decir que nadie estará a salvo; ni tan siquiera aquellos que desde el viejo continente vivimos en una burbuja de paz desde la pasada gran guerra. Han logrado mostrar la incapacidad de la U.E y de sus socios de proteger a los refugiados que creen en ella y ni tan siquiera de proteger a sus ciudadanos. Es más, los terroristas están logrando hacer reflejar que el recorte de nuestros derechos en pro de nuestra seguridad está siendo infructuoso. ¿De cuántas reuniones de ministros y jefes de estados se necesita para lograr algo señores míos?

Jérôme Fenoglio, el director de Le Monde, afirmaba este miércoles que tenemos que ser críticos, reconocer nuestros errores y la incapacidad en estos momentos de nuestros gobiernos de lograr políticas eficaces. Critica inteligente y eficiente, no populismo ni medidas alocadas que no hacen más que crear histeria cuyo beneficiados son los partidos extremistas de cualquier color que sean. Los problemas van para largo, y las causas, endógenas y externas, han de ser trabajadas de verdad por los que han de velar por nuestra seguridad; tenemos que reafirmar el laicismo de nuestras sociedades y apuntar como tarea pendiente para el futuro la prevención de esos nidos de fanatismo social, religioso o político como los que habitan nuestro viejo continente. Y finalmente, explicar a la gente que esta es la realidad del mundo y que el crimen está presente pero que el terror no ha de instalarse, porque reconocer estas posibilidades es dejar de engañarnos y dar el primer paso para afrontar el terrorismo. Dotar a nuestras fuerzas de seguridad y lograr una Europa un poco más coordinada siempre con la democracia y los derechos de nuestros compatriotas como bandera, es lo que se debe buscar; al menos, un poco más que cuando pasamos por la crisis Ucraniana, la de los refugiados de Siria, la de las pateras a las islas Italianias y Griegas, la de la crisis económica y social… El desafío es muy grande: o nuestros parlamentos y nuestros políticos están a la altura, o tras todos los problemas no resueltos que hemos vivido, el terrorismo marcará el fin de una Europa en la que se cojeaba en paz, y feliz.

 

 

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