Ni contigo, Ni con él

Ninguna situación política en la Unión Europea en los últimos 20 años ha dejado de poder ser solucionada. España no será un caso aparte a esa tendencia. Eso no quita que la tesitura en la que nos encontramos requiera de mucho sentido común y menos tropiezos a la inteligencia. Al igual que le ocurrirá a muchos de vosotros, mi opinión sobre la posición a adoptar del único candidato progresista a la Moncloa ha ido variando con el paso del tiempo y de los acontecimientos. Llegados al punto en el que hoy jueves 28 de enero nos encontramos con esa misma falta de ética política y sentido común, elevada ya a un problema de estado mayor, cabe analizar el caso desde dos perspectivas diferentes pero complementarias: la lógica y la ética.

En el primero de los casos, cabe recordar que en pro a la lógica matemática, tanto los partidos de espectro liberal y los de ideología de izquierdas han sacado cifras totales muy parecidas, con una fragmentación y distribución de los votos muy parecidos. Si bien es cierto que la costumbre puede ser regla de juego, la lógica quiere que a falta de suficiencia parlamentaria el Partido Popular deje paso a las formaciones de izquierdas ya que también reúnen los escaños suficientes para gobernar. En ese sentido, las matemáticas demuestran aquí a los que a falta de leer saben contar, que al igual que el PP, el Partido Socialista tiene la legitimidad inapelable y obligación en pro de los intereses ciudadanos de intentar formar gobierno con socios de formaciones de izquierdas y de centro si del respeto al voto popular hablamos. En ese sentido, le gobierno en funciones ha de abstenerse de torpedear cualquier intento de entendimiento.

En cuanto a ética se refiere, tenemos un hueso que la arrogancia de todos los partidos salvo -dicho sea- ciudadanos, ha formado. Si bien es cierto que la política requiere para la diferenciación de las ideologías de grandes acusaciones y promesas, la fase de negociación en la que estamos ha de prescindir de ella. Pedro Sánchez, los 5 millones y medio de votos que lo avalan y los 45 millones de ciudadanos que aspira a representar se merecen algo mejor que los platos que se le ofrecen y podrían crear una indigestión en los próximos meses de legislatura. En el arte de la propaganda política que Podemos ha sabido manejar con talento y logros, la formación ha perdido el norte al confundir nuestro hemiciclo parlamentario, las mesas de negociación y los medios de comunicación con una arena de gladiadores. Han declinado la responsabilidad de mostrar respeto institucional y responsabilidad de estado -el mismo que pretenden presidir- y se han inclinado por ser las nuevas Cicciolinas de la política española. Con este panorama y los errores trascendentes que únicamente demuestran un error de cálculo entre propaganda y comunicación de la formación violeta, Pedro Sánchez ha de declinar cualquier gobierno con esta orientación política que apunta a una mala praxis de nuestros gobernadores. Recordemos que, una vez formado el gobierno de la nación, los retos que se avecinan debido al legado del Partido Popular así como a las tendencias macroeconómicas que apuntan a nuevos problemas financieros, requieren de mucha seriedad, capacidad y cordura. De no obrar con ellos, los movimientos progresistas en España sólo recogerían al cabo de unos años la tendenciosa afirmación que siempre se le ha acuñado y según la cual “bajo la izquierda la economía siempre va a peor”. 

¿ Tendrá pues Sánchez que seguir el consejo de una reconocida figura del socialismo, respetada pero que ya debe pasar a las páginas anteriores de los libros? No. Como bien decía, los acontecimientos actuales que por primera vez en la historia de este país han llevado a la imputación formal de una partido, impiden la conformación de una alianza o la pasividad del PSOE para que gobierne un equipo cuyos máximos representantes han mantenido de manera ya evidente y judicial, contacto y amistad aparente con miembros de tramas corruptas. En ese sentido, más que la sin razón de Mariano Rajoy que ha de dimitir en cuanto el proceso actual lo permita, el PSOE ha de mantenerse firme en su negación. Ni Venezuela, ni Italia. 

Pedro Sánchez ha pues de facilitar sí, nuevas elecciones. Y lo tiene que hacer atendiendo, más que a los barones y baronesas de su partido, a sus bases (que son las que realmente tienen voz e importan) y a sus conciudadanos. Ni populismo, ni corrupción. Al menos, no de momento. Que se facilite nuevas elecciones y que con los hechos y tácticas que los electores han podido observar este mes, que estos elijan el devenir de nuestro gobierno, mientras algunas formaciones se renuevan y otras se disciplinan.

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