Indecente indecencia

Una vez más los medios de comunicación muestran su poderío: pueden difundir una posición interesada como si de una corriente de opinión se tratara. Que ayer noche los dos representantes del otro bipartidismo podemos-ciudadanos lo hicieran es entendible; que los medios a través de su selección de invitados, cortes y titulares lo respaldaran es algo decepcionante.

Hoy venía ya plasmados esos mensajes de “Sánchez violento” o “Sánchez nervioso”. Faltaba poco para tachar al candidato socialista de indecente también. Se le podrá recriminar haber tenido en el seno de su partido casos de corrupción, no haber ofrecido más detalles en sus propuestas o de ser tal vez exagerado; pero de ahí a llamarle ‘hooligan’ es como mínimo no aceptar el respeto que ha tenido al no utilizar otros términos para calificar un Rajoy que no deja de ser un político turbio. Al parecer, aludir a la falta de honorabilidad de un presidente porque así lo entiende una estrategia o la percepción de otro candidato, es “violencia”. “Violencia” ese mismo termino que a la derecha mediática le encanta utilizar para afear cualquier conducta que no entre en el credo de la propaganda mezquina y difamatoria, pero como no, sutil y silenciosa que sólo beneficia a corrientes conservadoras. ¿Qué dirían pues de un Sarkozy que llamó en 2012 a Hollande “calumniador” y corto en un mismo debate presidencial?

Lo que fue violento o indecente, entiéndase falto de honestidad o dignidad en los actos y en las palabras, fue tratar de pintar un panorama con datos manipulados para hacer creer algo que no es ni ha sido. Claro es que a eso se le llama argumento político de campaña. Pero también es tergiversar la información para confundir. Por ejemplo, no es que el paro en España haya bajado o subido, sino que el número de inscrito en la seguridad social es menor que en la anterior legislatura. No es que la riqueza nacional haya crecido o no, sino que el poder adquisitivo de las familias sea menor que hace cuatro años.

A eso se le podría llamar indecencia. A eso y a todas las informaciones tergiversadas que algunos miembros del gobierno han transmitido durante cuatro años. ¿ A caso sólo un debate en televisión reviste de la suficiente seriedad como para medir y analizar las palabras de nuestros representantes? Recordemos que los adjetivos calificativos no han sido pocos en todos nuestros políticos y representantes y que algunos, por boca de ministros, han sido dignos de repúblicas bananeras.

Si a algunos de nuestros medios de comunicación les choca que un candidato que no sea podemos o ciudadanos tache de “indecente” al presidente del gobierno por no haber dejado su cargo al estar salpicado de modo alguno por casos de corrupción, queda demostrada que la seriedad periodística no ha sido del todo liberada de los corsés ideológicos que alimentan sus existencias. Porque si bien es cierto que la culpabilidad requiere de pruebas, la honorabilidad de un presidente requiere también de evidencias; y haber tenido relación directa no sólo con el señor Bárcenas sino con otros tantos actores de tramas corruptas y no haber tenido la dignidad de dejar su proyecto a otro político demuestra que el afán no es altruista, sino personal e inmoral. Eso es faltar al decoro.

La política ha cambiado, su dialéctica se ha transformado y la percepción de los ciudadanos también. Nuestra sociedad evoluciona y la exigencia de la ciudadanía va en aumento. Sería pues una pena que los medios no trataran de ser igual de evolutivos y recordaran la obligación social que tienen de velar por la fiscalización de los actos y no sólo de las palabras. Si la crítica hacia el presidente indigna los medios, algo mal se está haciendo, y es que tal vez en España, los ‘mass media’ han querido asumir la responsabilidad de fijar la moralidad en lo formal en vez de en los hechos. Si además de eso, utilizamos la política para hacer de un debate un ‘sálvame deluxe’ con otros tantos candidatos como tertulianos de un reality show, ya tenemos los ingredientes de la doble moral. Esperemos pues que los medios se pongan las pilas y que tras los resultados del 20D que puede ser otro Kennedy- Nixon, también evolucionen en cuanto a los criterios periodísticos que utilizan para juzgar la calidad política de nuestro país. Y por favor, dejemos ya de llamar violencia a todo: podría pasar como con la corrupción, pensar que todos son iguales y no asustarse ya por nada podrido.

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