Terceros factores

El fanatismo criminal que afectó Paris la pasada semana requiere de un exhaustivo estudio sociológico, político, histórico y económico para dar con la clave de todos los factores que llevaron a él y los que puedan quedar por llegar.  Sólo una antología posterior a los actuales eventos con artículos y análisis de expertos podrá tal vez permitir entender muchas de las razones por las que Europa ha sido nuevamente amenazada por el terrorismo religioso.

La indignación de lo ocurrido, legítima y compartida, despierta no obstante ciertas reflexiones en este bloguero socialmente influenciable y a la vez sapiens que soy. Y es que, el rechazo social que se levanta en cuestión de horas parece responder de facto no sólo al hecho repulsivo en si, sino también a factores externos o de corriente social inexplicables que me gusta llamar “terceros factores” y que hacen que se convierta esta indignación repentina y su desarrollo en un buen ejemplo de las teorías de Noelle Neumann. Por favor, vean esto sólo como una reflexión inspirada y no como una tesis.

Esos horribles actos que desgraciadamente no ostentan la exclusividad de lo atroz y doloroso en estos últimos años, parecen a ojos de algunos articulistas o improvisados tertulianos de calle lo peor de lo peor, haciendo resurgir en ellos el fiscalizador de brujas que, protector de la nación, va en caza de cualquier amenaza que pudiese poner fin a su cultura. Bien; respetable e incluso más deseable quel laissez-faire de otros. Pero ¿a caso es el terrorismo salafista lo único que deba despertar esa crítica y miedo? ¿Y es el fanatismo salafista dueño exclusivo del terror de las masas?

Hemos de dudar. Al parecer revestir el autoritarismo social con el traje de seda de la religión no pertenece unicamente ni al islamismo, ni al siglo pasado. En plena obra dantesca de atentados y crímenes en nombre de la religión, con pequeños titulares casi desapercibidos, un crepúsculo de la sociedad española ha celebrado estos días con bendición y agua misteriosa incluida, el cumpleaños de la muerte del dictador Francisco Franco. Ni más ni menos que casi veinte misas. Al parecer, conmemorar aquel criminal que puso patas para arriba una democracia y lideró la definición de ‘fosa’ nos acerca un poco más a la palabra de Cristo. O eso pensarán los cuantos párrocos que han oficiado la misa. Qué opinar de los feligreses pues que, viviendo en otro contexto social y casi cultural, siguen recordando aquel dictador a través del Evangelio. No obstante, estos actos vergonzosos, dignos de la época del tercer Reich no logran más que arrancar unos pocos titulares y ni tan siquiera más de dos columnas. Ninguna manifestación y ningún banner en facebook en contra de los totalitarismos. No que no se lo merezcan, sino que la indignación social no parece estar por la labor de ceder un poco de espacio a este hecho deplorable. ¿Imaginan hoy en día misas por el Schicksalstag y sus connotaciones principalmente nazis?

La religión no es lo único que mueve la estupidez en masa sin lograr tanta repercusión: la política también lo hace. Ella y los intereses intrínsecos que mueve permite avalar muchas actuaciones horribles que quedan impunes y sólo acaban condenadas por la historia – y aún-. El derribo del avión MH-17 por un artefacto de construcción rusa no despertó más indignación que la repulsa social durante unos días y algún que otro comunicado de Bruselas. Nadie ha movido ni un dedo, ni un ‘Mirage’, ni un portaviones. Sin embargo el ataque de origen supuestamente ruso o pro-ruso ha provocado más del doble de víctimas que los atentados de París. Esto ocurrió hace tan sólo 4 meses, lo que no deja mucho espacio a un cambio de las mentes y sentires de las sociedades. ¿Por qué no surgieron estos movimientos sociales con esta misma magnitud?

Pues, curioso es ver cómo ciertos acontecimientos provocan reacciones sociales diferentes según lo que signifiquen en si mismo para la sociedad y según la participación de esos “terceros factores”. ¿Serán los medios de comunicación? ¿La necesidad de pertenencia que hace que reacciones de manera concentrada? ¿El interés político que logra que la agenda de medios sí enfoque un acto de terror provocado por el EI pero no tanto el terrorismo nacionalista ruso? ¿Qué demonios pasa para que tengamos una ola de rechazo que no deja sitio al pensamiento diferente en unos atentados terroristas pero permite sin mayor crítica la proliferación de actos profranquistas? ¿ A caso no deberíamos mostrar repulsa para ambas cosas o es que nos es imposible porque Facebook no da la opción?

Creo importante poder conocer esos “terceros factores” para entender la sociedad que me rodea; pero también creo más importante que nosotros como sociedad avanzada que pretendemos ser, no nos dejemos unicamente llevar por el pensamiento común y le dejemos también espacio a la crítica personal, porque sólo así lograremos recordar otras atrocidades igual de terroríficas y dolorosas que podrían resurgir tras el integrismo  religioso que ahora nos toca vivir.

Como republicano, agnóstico y progresista que soy yo y me considero, no creo que la religión ostente el liderazgo de la estupidez humana en cuanto a sus actos tribales se refiere, ni indemne de ilustrar en contadas ocasiones la barbarie humana: en mi la religión no despierta más que el interés por la sabiduría histórica y mitológica que contiene. Pero sí creo que ha de ponerse en el mismo nivel que la política y otras filosofías humanas que pueden llegar a liderar movimiento peligrosos para el ser humano; la diferencia entre ellos es que si bien la religión logra mover muchas masas, la política con la que se da de la mano – no nos equivoquemos- logra manejar más sistemas (medios de comunicación, economía, etc…) que repercuten en las reacciones ad-hoc de la sociedad, lo que tal vez logra determinar que es indignante o no y las reacciones de las que os hablo. Todo esto es muy curioso y ciertamente nos provoque reflexiones contrapuestas, pero es lo que hay: la indignación también es selectiva.

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