Caspa hasta el cuello – ” Mi carta al Señor Cotino”-

Recuerdo hace pocos meses, señor Cotino, cuando casi corriendo detrás de usted para que me contestara a algunas preguntas me fijé en la caspa que tapizaba las hombreras de su americana negra. Caspa para contar y aburrirse. Pero nadie parecía verla ni se molestó en sugerirle de limpiarla. Y mire si tenía usted suficiente cal orgánica como para cubrir la playa del Saler sólo con ella. Permita que sea extraña mi introducción para esta misiva que le dirijo a sabiendas que no son tal vez las formas más gratas para dirigirme a usted… pero su historial tal vez lo pueda legitimar. De lo contrario, disculpe mi atrevimiento.

Me contestó a las dos primeras preguntas. Tal vez no lo recuerde muy bien; pero el micro que entonces llevaba le dio cierta confianza y me agració con su amabilidad para contestarlas. Pero la tercera se quedó en el aire. Lo curioso fue que pocos minutos después me encontraba anecdóticamente en un ascensor de un metro cuadrado con usted hablando de no sé que ya. Con usted, un mozo de su corte y esa caspa peligrosa. Pero ya se había perdido en el eter la pregunta y la respuesta. ¿Me recuerda ahora?

Cotino… ¿me permitirá la confianza de llamarle por su apellido como una deferencia a lo que le hemos retribuido hasta ahora, verdad? Mi buen presidente, usted que cobraba hasta hace poco algo más de 7.000 euros al mes por presidir nuestras Corts Valencianas, usted ha decidido marcharse. De hecho, ya se ha ido; entiendo que antes de que lo echaran, claro. Nos deja con lo que ya conocíamos pero que sólo la justicia ha podido frenar al fin: una político con una buena capa de caspa podrida y llena de corruptelas. Corruptelas que muchos no han querido ver y otros no han querido sacar a la luz. Es lo que tiene… los contratos con algunos medios son la fuente de vida para que puedan seguir emitiendo, y las amistades con otros figuras son otro de esos buenos dotes que algunos de ustedes crían como planta de marihuana en manos de pobres… y usted lo sabe. Pero al fin, muchas cosas salen a la luz y lo único que podemos hacer es alegrarnos para no echarnos a llorar. Le agradezco que al fin, indirectamente haya contestado de manera pragmática a mi pregunta (algo ayudado por la justicio).

Recuerdo aquel día en el que la ponencia que presidía, “honorable president” trataba de ética política. ¿Qué ironía verdad? El verdugo hablando del derecho a la vida. Ay… mi buen presidente, si a usted le hubiese preocupado algo más la ética que las corruptelas en las que está inmerso y los vaqueros de los jovenzuelos que lo rodeaba como un dios hedonista flanqueado de su corte interesada, tal vez no me hubiese quedado con la caspa que lo cubría. Una caspa que le llegaba hasta el cuello.

No caben más palabras mi presidente; los actos delatan su gerencia y el silencio condena mi frustración como ciudadano. Perdone la dureza de mi condena, pero no llega ni a los tres cuartos del daño que ha causado a nuestra sociedad, y sabe que en cuestiones de moral, la crítica va por delante de la condena. Suerte pues, y que Dios le ampare en lo que le queda por explicar; ya veremos que podemos hacer con su corte que ya llora su ausencia.

 

Fausto Manuel Q.N

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