SOCIEDAD: Responsabilidades compartidas

herodes te4mplo Nuevo año, mismo discurso. Estoy cansado, reventado, exhausto y asqueado de escuchar el mismo discurso de siempre. Ese que el grupo Popular trata de “inyectar” a sus afiliados y a la sociedad sin ningún tipo de vergüenza: “el PP sigue siendo la opción mayoritaria de los españoles, la única opción capaz de sacar a España de la crisis” que otros, decía el secretario general del Grupo Popular en el Congreso, José Antonio Bermúdez de Castro, “nos han dejado”. No solo es una mentira, sino que es un “delito moral” el afirmar que los males sociales y económicos que nos afligen en estos momentos son solo los del PSOE. ¿Cómo puede un gobierno neoliberal tener la desfachatez de negar, esconder, encubrir, que las políticas capitalistas sin ética que se libran desde hace décadas en Europa no son las responsables de toda esta obra dantesca – y cerda- de la que somos los sufridores? Claro que tiene respuesta; somos animales con anteojeras sin memoria y con jinetes muy hábiles que bien podríamos llamar gentiles del Templo de Herodes. Y no quiero tampoco suavizar aquí mi posición hacia el Partido Socialista – con el cual me siento identificado en sus fundamentos, cierto es- : si alguien tiene que impulsar un cambio también son ellos; nosotros. No podemos los progresistas seguir con discursos superficiales y máscaras que esconden peleas internas e intereses personales; con fotos forzadas que esconden maniobras interesadas y combates caducos. Los progresistas hemos de hacer un cambio de verdad; no solo en España, sino en Europa entera. Aquí ya no se juega un valor de la prima de riesgo más alto o más bajo que ayer. No se juega una deuda mayor o menor que mañana. Se juega la batalla final de nuestros estados de bienestar y la sociedad en la que viviremos durante los próximas treinta años. En España y en Europa. Y por ello la responsabilidad es compartida, con todos los demás partidos de corte socialista, socioliberales o progresistas; de nuestro país y de fuera. Si sabemos que somos caballos con anteojeras, entonces pongamos la zanahoria que haga falta y pequemos de mentira, si el fin justifica los medios y el respeto a nuestra dignidad cuelga de una estrategia, hagámoslo. Pero dejemos ya la mamarrachadas hipócritas de hacer creer que somos el cambio cuando lo que se espera de nosotros es lo verdadero, lo tangible, la mano que te acompaña y el puño que enarbola la insumisión. Dejemos de prometer y no hacer; quizás así los que piensan como nosotros también se animen a dejar de lado el desencanto que nos hemos ganado a pulso. Abramos vías de verdad, con ilusión, que permitan hacer ver a los que, equivocadamente, con un trozo de pan negro en una mano y la copa a rebosar de vino agrio en la otra, deben saber que no serán menos pobres al votar al más rico. Porque la riqueza política y social no se mesura por la posesión económica ni por siglas; tampoco por las promesas ni por banderas que alzamos sin saber su real sentido. Ser menos pobre empieza por tener más dignidad, y aquello se traduce, en la elección de cómo conformamos nuestras sociedad y pues, nuestra curia política, en buscar la sabiduría, la honestidad y la humildad.

En estos tiempos en los que se les llena a todos la boca con polvorones al hablar de terroristas y de lo atroz que son los animales, no nos olvidemos que más atroz es aquel hombre, que haciéndose llamar así, se vale de su inteligencia para que muchos de nuestros conciudadanos no tengan ni para cenar un trozo de pan. Aquellos que lo permiten y se hinchan de discursos y babas deshonestas, son igual  de culpables – o más-  que los que ponen bombas. Con más razón si entre sus manos se ampara nuestra confianza, llamándolos a través de votos ‘gobernantes’. La sangre quema la vista; pero el silencio de los miles de sentenciados por la avaricia actual no quita ni un ápice a la crueldad de nuestro Gobierno nacional y europeo, con piel de cordero.

Camus dijo que “cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo.” y así añadió: “La mía sin embargo sabe que no lo logrará. Pero su tarea es quizá mayor. Consiste en evitar que el mundo se deshaga”. Tratemos de evitarlo.

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