INTERNACIONAL: “La emoción no puede ser la única brújula de una política”

3497076_3_94ad_la-collegienne-leonarda-dibrani-15-ans_c2116822fd45b8969e61dd279d590be2 Esta afirmación del Ministro del Interior francés,  Manuel Valls, tiene aún más sentido cuando la información compartida por los medios de comunicación se acaba contrastando algo más que con una simple comparación de portadas de diarios. Llevar políticas sociales a cabo, en un país de largo recorrido social como Francia, obliga a tener también políticas de control estrictas. Si la cultura o política progresista obliga al auxilio indiscriminado del “otro”, también requiere el respeto de reglas que como pilares, sustentan la viabilidad de todas esas buenas intenciones. Así pues, más allá de lo que se está convirtiendo en un “circo” mediático, el lector avisado y el ciudadano de ideas progresistas ha de delimitar acciones, conductas o sencillamente, reglas que no han de ser traspasadas. A la emoción uno tiene que poner la cabeza, y a la reflexión, cuando ésta llega sin sentimientos, la emoción. Así funciona, un poco de ambos para sacar lo justo y procedente. Los padres de Leonarda Dibrani no cumplían con la ley; con algo que nos guste o no se llaman políticas de inmigración y que cada gobierno lleva  a cabo como bien le parezca. Pero los padres de esta chica, hechos demostrados en la investigación gubernamental realizada posteriormente, no solo no cumplían con los requisitos para vivir en Francia, sino que no cumplían con muchos “compromisos” que el estado pide a cambio de ayudas económicas y de la posible residencia en el territorio francés. La alumna, la joven que faltaba de media mes y medio en clase cada año y tuvo que ser interpelada en el instituto porque sus padres no tenían ni la más remota idea de dónde había pasado la noche, no tiene la culpa de los males que aquejan nuestras sociedades; y aún menos de las irregularidades de sus padres. Pero tampoco puede tener la culpa un sistema con grandes frustraciones identitarias* que busca aplicar sus políticas votadas y no contrarias a los derechos de la persona. Quienes tal vez deberían de revisar sus modos de proceder son muchos de los medios que, embriagados por la “historia” que suponía la crónica sociedad de la semana, no han contrastado lo suficiente ni como para desmentir que la policía en ningún momento la arresto en el autobús, delante de sus compañeros o con violencia. Y quien debería de reflexionar también, somos los que muchas veces en un impulso natural nos declinamos por el que parece sufrir… cuando a veces no todo lo que parece es. Se trata de dar y recibir, ser responsables y coherentes con lo que queremos y con el cómo se debe de hacer.

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