INTERNACIONAL: LA CUESTIÓN SIRIA

bandeira-siriaMe parece difícil concebir la transición de un régimen autoritario a un régimen democrático sin la propia voluntad, total y progresiva o revolucionaria de su pueblo. En ese sentido, Siria, sumida actualmente en un escenario de guerra polifacético, no logrará pasar a un sistema más estable y quizás democrático, sin la voluntad plena de su pueblo. No solo no lo logrará sin ello, sino que no lo logrará si la voluntad de su oprimida nación está coaccionada por fuerzas extranjeras teniendo como única salida visible la del fanatismo religioso.  En varias ocasiones he podido a través de éste blog alertar sobre la necesidad imperante de una acción de la ONU para lograr la protección de la población civil, primera víctima de unos fuegos cruzados que hoy – dos años tras el principio del conflicto- parecen confundirnos aún más sobre sus verdaderos autores. Tras unos ataques químicos cuya autoría – atribuida en los medios occidentales al gobierno de Al-Asad- deja resquicios de dudas razonables, una acción más sopesada y eficiente por parte de la Comunidad Internacional se hace necesaria. Primero, para poner en marcha más zonas de protección a los refugiados y mantener zonas de exclusión militar. La CC.II ha de velar por la protección de dicha población civil que no está involucrada de manera armada en el conflicto. Segundo, para entender los verdaderos mecanismos, actores y factores que han llevado a dicho conflicto, con el objetivo de lograr el cese de los ataques y ofrecer su apoyo – refrendo- a un avance no conflictivo de la población un modelo político y social que elija democráticamente. De este modo también, logrará depurar las responsabilidades de las matanzas y crímenes de guerra perpetrados cuando llegue el momento. Tercero, para orientar tomando como criterios la Carta Internacional de los Derechos Humanos el país hacia un modelo democrático con los rasgos políticos que estos elijan; si en el segundo punto hemos hablado de una orientación hacia un modelo elegido libremente, tampoco debe la Comunidad Internacional dejar la puerta abierta a un nuevo sistema autoritario, fanático o dictatorial que conlleve además de todos los agravios inherentes a ello, la desestabilización de la zona. Ambos puntos no son incompatibles como lo demuestran países democráticos de corte islamistas.

Dichas acciones aunque inviten en algunos casos a pensar lo contrario, son legitimadas por la necesidad de poner fin a la muerte de inocentes y a la crispación internacional que deriva de los intereses existentes. Se entiende que no se puede lograr dichas pretensiones sin una fuerza armada internacional; no obstante, si para lograrlo ello conlleva además acciones militares concretas y limitadas –ataques- sus justificaciones tendrán que estar perfectamente documentadas con los objetivos claramente identificados: no se puede aceptar un ataque occidental contra puntos estratégicos gubernamentales con una simple documentación de lo producido a raíz de ataques químicos. En ese sentido –y siendo prácticos-, aunque creo que sea necesario la penalización de los autores de esas masacres – las químicas- , la identificación de éstos también es más que vital para el respeto de la legalidad internacional que aquí se impone. Sin embargo, a día de hoy, no todos los indicios apuntan a que el gobierno criminal de Bashar Al-Assad sea el responsable de dichos ataques y la clarificación de los autores pues, se impone. Favorecer un bando cuyas intenciones y actos siguen a día de hoy sin estar identificado claramente podría ser un error para el futuro de Siria. En cualquier caso, Europa, EE.UU así como Rusia y China – por nombrar los actores más destacados con peso en el Consejo de Seguridad de la ONU- han de revisar no solo sus posiciones y una posible intervención en el conflicto de manera rotunda para lograr la pacificación de éste, sino también el apoyo que actualmente están brindando a través de la venta de armas y facilidades diversas a dos bandos que guardan en común el uso de la violencia y la promesa de continuidad de un régimen autoritario por un lado y extremista por otro. Sin ello, la ira creciente de los sirios seguirá empañando las calles de sangre de inocentes.

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