SOCIEDAD: Así es la vida…

7654723-una-bonita-rojo-puesta-de-sol-sobre-un-mar-en-calmaCuando la tragedia toca a tu puerta se te desmorona todo. La tierra parece dar más y más vueltas y todo pierde sentido; te sientes confuso y ahogado, no entiendes ni el qué, ni el cómo, ni el porqué. Ni tan siquiera hablas ya el mismo lenguaje. La vida es tan volátil que da miedo darse cuenta de que lo que pensábamos sujeto en nuestras manos se nos escurre a través de los dedos. Ni tan siquiera a veces, el tiempo de apreciar lo que ya desaparece vulgarmente, sin un adiós mínimo. Así de injusta se nos aparece la vida, sin motivos suficientes para quitarnos, arrebatarnos egoístamente, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos… El dolor es tan grande que casi parece insultante adjetivarlo.

Hace casi un año, día por día, te dedicaba un post en mi blog, comentando el tipo de persona que eres. Ya sabes, de esas que velan por los demás y aunque nos les sobren las palabras, no les faltan los actos de benevolencia. Te dedicaba ese post en una temporada malísima en la que las personas como tú parecen escasear. Como tú, que a tu manera mejoran este mundo. Hoy nos preguntamos y ¿por qué tú? ¿Por qué a ti? ¿Quién vela ahora por ti y los tuyos; quién veló por ellos?  Lo sé amiga, es asqueroso, injusto, es una putada grande como una casa vivir esto; no hay mayor sufrimiento que perder un ser querido, y nadie se lo merece. No te lo mereces. Aún menos cuando el capricho del destino lo hace de manera abrupta, sin darte un solo segundo para decir adiós. No tengo la explicación a ello, el porqué de esta locura de la vida. Ni tan siquiera las palabras para borrar el dolor que llevas; tan solo la flaca promesa de que el tiempo puede aliviar ese mástil que como a muchas otras familias, la fatalidad ha venido a clavaros. Lo siento, cuanto lo siento; cuanto siento no poder hacer que todas estas manos que te quieren y que hoy están tan lejos de ti, no puedan arroparte y llevarse una pequeña parte de ese dolor que llevas por dentro… hasta hacerlo desaparecer. Ojalá pudiéramos nosotros también, como si de la providencia personalizada se tratará, pudiéramos truncar tu dolor y el de miles de otras personas. Pero no es posible, porque así es la vida, una suma de incoherencias de la cual el resultado es la belleza y la fealdad del destino. El soplo de un viento que nos recuerda que solo somos aire. A ti y a todos los demás que no conocemos pero que como tú llevan un nombre y una historia, amigos y vivencias, estamos con vosotros. Fuerza amiga, fuerza…

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