SOCIEDAD: No nos engañaron

images-14La “fabulosa propuesta” del Banco de España que pugna por explotar los trabajadores de la marca España, un poquito más aún de lo que ya están, me ha hecho recordar mis años adolescente en Francia. Cuando llegué al instituto – y más tarde al liceo- era de costumbre escuchar en boca de los profesores que “estudiar nos abría las puertas del trabajo, del dinero y del éxito”. Así, cuando en esas clases de pizarras verdes se nos motivaba a seguir los estudios y a elevar nuestros conocimientos y reconocimientos intelectuales al rango de superiores, se nos prometía un buen empleo con un buen sueldo. Médicos, directivos, arquitectos, abogados, y cuantas profesiones más que se nos mostraban como la panacea de una vida sin problemas, junto a una familia feliz, dentro de un país muy feliz… No nos engañaron, no. Al menos, no del todo. Por que la verdad es que hoy en día cualquier de nosotros, que por la vías legales quiera sobrevivir – y digo bien sobrevivir- tiene que tener como mínimo un bagaje de estudios y de capacidad laboral superior. Solo así se puede asegurar tener una maldita paga de 800 euros y si llega, para sobrevivir a una ola de pobreza. Cada vez más, el trabajador sin más conocimiento que el que surge de su saber hacer, o el joven o mayor que depende prácticamente de su más alta motivación sin más capacidad que su constancia y lealtad a quien le encomienda la tarea, se ven excluidos de la dignidad. Una dignidad que el despotismo económico y político hacen exclusiva de sus criterios y decisiones. Se quiere normalizar la precariedad y fomentar la dependencia económica bajo una forma moderna de esclavitud. Y no solo lo harán por medio de la clase baja y obrera, ya más que ahogada… también por medio de la clase media que se verá obligada por las “inhabituales” condiciones económicas a ceder cada vez más, más parte de su estatus y su bienestar para darse, y solamente demasiado tarde, cuenta de que ha sido reducida a un residuo sin interés. Y de todos los que fuimos, solo quedarán los que son un valor alto – sujetos a la temporalidad de su condición de primeros-. Ellos y los que han robado el pan del pobre. Nuestros profes no nos engañaron… solo nos advirtieron a su manera, de que éramos simples mercancías productivas.

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