INTERNACIONAL: CONGO Y OCCIDENTE

1-roger-mbuliundo-stands-beside-the-body-of-his-father-who-was-shot-and-killed-in-the-bush-near-dungu-in-northeastern-congo_441El Congo sigue llorando sangre; cuando llega la época de lluvias, ésta cae cristalina para tintarse de rojo antes de penetrar su subsuelo en el que, sus minerales tan codiciados por algunos, llevan la marca invisible pero imborrable de los que murieron por el egoísmo humano. En realidad, codiciados por todos y apreciados solo por algunos. Los occidentales. Si los aparatos de nueva tecnología que poseemos tuvieran alma, su muerte inmediata por dolor ajeno haría que chorrease ese mismo líquido vital que en numerosos casos parece no valer más que un móvil o una tablet. El coltán, o el oro, o muchos otros minerales tan necesitados por los consumidores masificados de las sociedades occidentales llevan a la perdición sin derecho a defensa de miles de congoleños. Mujeres y niños los primeros. Hombres también. Las vejaciones, torturas, violaciones y demás horrores que viven aquellos que parecen merecerse eso por simplemente haber nacido en un tierra fértil en minerales, son en su descripción, insoportables de escuchar para cualquier mente occidental acostumbrada a la normalidad de nuestra sociedad. Ahórrense pues el intento de creer entender el sufrimiento de aquellas personas que sufren el infierno en la Tierra; aún siendo por educación.

La labor de los periodistas de aquellas zonas dantescas,  que sin perder ningún punto de profesionalidad y dignidad por no haber sido formado en una de nuestras brillantes universidades europeas, demuestra lo crucial que es el periodismo para denunciar un mundo en el que la Carta de los Derechos Humanos parece no ser la misma en todos los sitios. Hombres y mujeres que nos avisan -a veces sin ser escuchados- de que África sigue siendo aún en muchos de sus países, una tierra de colonización en mano de capitalistas, rebeldes y “tipos” sin escrúpulos. Este simple post que malamente resume mi reflexión sobre lo que hace poco Caddy Adzouba nos contaba sobre Congo y la sangre que sigue brotando, no pretende cortar de cuajo nuestro consumo de tecnologías modernas ni llevarnos a lamentar la situación de esta gente, que bien podríamos ser nosotros si la naturaleza y el destino lo hubiesen elegido así. Lo que pretende esta simplificación casi insultante de una situación inhumana que viven miles de personas, es recordarnos la responsabilidad que sigue recayendo sobre nuestras manos de cara a los que, indirectamente, explotamos sin tan siquiera saber situarlos en un mapamundi. Pacificar un territorio y aplicar un cierto grado de dignidad humana, aunque fuera por agradecer el último iphone que la sangre de muchos ha permitido llevar hasta tus manos, no depende siempre de sus desgraciados. Depende de ti y de la presión que ejerzas sobre quienes lo permiten beneficiosamente.

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