ESPAÑA: EL MITO DE LA CAVERNA ESPAÑOLA

(N.B: Este artículo era destinado a ser leído en Estados-Unidos, de ahí cierta alusiones a la sociedad americana)

CHARCO 5 BISEspaña es un país complejo. Un país tan complejo como las identidades regionales y históricas que lo componen. Un país tan complejo que no sabe ni quién es, ni adónde va. No es por falta de historia que esta nación pluridimensional y cuna del arte de la humanidad haya perdido toda referencia a lo que es ahora. La falta de políticas serias con liderazgos asumidos y dignos de países avanzados parece estar en la causa de que hoy España sea un país sin mucha credibilidad dentro y fuera de sus fronteras. Al igual que la leyenda negra en épocas de Guillermo de Orange supo rebajar la imagen de una gran nación que iba en declive por culpa de su incapacidad a reconvertirse y adaptarse a nuevos tiempos, hoy en día esa nueva leyenda negra impulsada por los mismos de hace cinco siglos parece volver a encontrarse con el mismo escenario político y económico. Una España que no ha sabido seguir reconvirtiendo su industria obsoleta en un sector permanentemente progresivo, innovador y competitivo. Una España que no ha sabido encontrar políticas y políticos a la altura de los desafíos de nuestro siglo actual.

Llevando la mirada a la actualidad nos damos cuenta que con ese arrebato pueril con el que la sociedad española llevo al trono a un registrador de la propiedad para dirigir la decimocuarta potencia económica sin más experiencia que sus oposiciones, las expectativas de cambios en la nación española están a la altura de los sueños de un niño de seis años que desea ser astronauta. Y es que nada parece poder cambiar en el país del Quijote sin un interés más profundo y comprometido por parte de los españoles hacia las políticas que los dirigen.

Desgraciadamente, el despegue con el estado que parece haber conocido la sociedad española desde la muerte de Franco, y la cada vez más elevada desilusión hacia la clase política que no se reformará hasta el surgimiento de un verdadero movimiento de sus bases – sean del partido que sea- parece indicar que España seguirá siendo un país de segunda, jugando a engañarse a si mismo.

Es difícil entender como una sociedad con más de 3000 años de historia siga sin lograr ser presidida por gobernadores que se valgan más por lo que demostraron ser capaz de hacer antes de ser elegidos, que por lo que han prometido que harían. Es difícil entender la escalofriante manipulación de leyes y medios de comunicación en detrimento de los derechos de sus beneficiarios, cuando sabemos que España salió justo ayer de una dictadura. Es más, comparando el pueblo español con el americano al que nada le puede envidiar por la espesura de sus libros de historia, ¿cómo entender que uno sepa hacer valer más su soberanía nacional y su capacidad a decidir su futuro, provocando que desde luego sea para nosotros envidiable el grado de compromiso de los norte-americanos con sus políticas? No me imagino un solo norte-americano pasar por alto los engaños de su Secretario de Estado en temas de importante trascendencia como puede ser un rescate financiero, y además avalar que las declaraciones que haga sean en medios extranjeros y no en los nacionales. Inconcebible. Desgraciadamente, todo esto es el rostro que se pinta de España dentro y fuera de ella – con los matices correspondientes a la mira de cada sociedad-.

La realidad de la España del 2012 es un país lleno de jóvenes promesas que no creen más en las oportunidades de su tierra, ni en las promesas de sus gobiernos locales, regionales y nacionales que solo sienten interés por ellos mismos – llámese eso en algunos casos “corrupción” después de algún que otro juicio-. La realidad de España es un país con el 25% de tasa de pobreza y otro 25% de paro; una inversión en I+D del 1,39% del PIB – contra el 2,79% en EE.UU-. Una educación escolar gestionada desde el interés político y no democrático, recayendo en las disputas regionalistas y nacionalistas. Esta es una faceta de España. Una sociedad sin rumbo, dirigida por oportunistas de un “tea party” latino, y con unos vecinos europeos que no la esperan para nada. Por desgracia, la actual situación que conoce el país no parece vaya a mejorar en los próximos años, o al menos si lo hace, será adoptando un modelo social más desequilibrado con una mayor transigencia de las normas laborales que se fingió establecer en los últimos cincuenta años. Ya no existen soluciones milagrosas para un país que se ha cegado a si mismo y una camarilla política que no ha hecho más que cebarse. La confianza que le falta a España no solo es la de los mercados, sino también la de sus honestos y laboriosos ciudadanos hacia sus instituciones, sindicatos y justicia que nadan en un “esputo” de corrupción. En definitiva, España ha sido y es lo que vemos, un montón de cartas que se sostienen las unas contra las otras y se desploman con solo un soplo por no tener bases reales. Una mano que ningún otro jugador apuesta por ser ganadora. España es esto, un país complicado.

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