– Y si este fuera el último día –

… o éste el último post. El último de un chico en vía de ser periodista y que no lograría consagrar su sueño. El último momento de toda una civilización que entre pitos y cañones no siempre ha logrado hacer cosas dignas de recordar. Y si este fuera el último día de nuestras vidas, que deberíamos de hacer, de pensar, de sentir, de recordar… La verdad es que la pregunta nos abruma si nos la planteamos en serio, y las respuestas parecen llenarse de nostalgia y frustraciones. Frustraciones de objetivos y deseos que nunca se realizarán. Nostalgia de un tiempo que fue y ya no será jamás. Si fuera el último post de Inbabilonia ¿qué debería de preguntarme? ¿Qué habría de criticar? Tal vez el hecho que los miles de años que han servido a la humanidad para construir una tierra de paz y de amor no hayan sido suficientes. Que las miles de ilusiones y de buenas intenciones para hacer de la antigua Babilonia un jardín del Edén no hayan visto alcanzado su sueño. Criticaría que muchos de nosotros no tuviéramos a nadie para pasar nuestros últimos minutos juntos a otros seres humanos. Echaría en cara el egoísmo permanente que caracteriza nuestro genero en su conjunto, y la incapacidad de poner el talante del Hombre al servicio de la humanidad cumpliendo con la armonía y el amor que tantas religiones y políticas han venido alzando con falsa bandera. Criticaría la incapacidad que hemos tenido los hombres para comportarnos como hermanos y alzar la ilusión de cada uno de nosotros bajo un mismo deseo; el de vivir libres, iguales y con amor. Desecharía decenas de posts, de ideas y de polémicas para quedarme con lo que realmente importa y que solo el tiempo en su agotamiento logra recordarnos. Me acercaría a través de mis palabras a los que me inspiran amor y deseo de luchar por lo que nos une más que por lo que nos divide. Soltaría mi ordenador prometiendo al destino que jamás volvería a pecar de mis errores pasados, y me echaría en los brazos de mis seres más queridos, repitiendo una y otra vez a sus orejas, lo que escasamente mi pudor ha logrado transmitir hasta ahora.

… No será el fin del mundo. No, no lo será. Pero tendemos a olvidar con demasiada facilidad que cada día nos acerca un poco más al final de nuestra aventura personal, de esa misma que compartimos con miles de personas a lo largo de nuestras vidas. Nos olvidamos que en ese poco tiempo que el azar, el destino o lo que cada uno de nosotros quiera creer que está en el origen de esa oportunidad sagrada que nos permite sentir las maravillas del Hombre, está nuestra obligación a disfrutar de manera honesta y genuina de lo que pronto se nos quitará. Y tal vez, no todos cumpliremos lo que nos hemos propuesto, pero desde luego si cabe pensar, aunque sea con demasiada simpleza para las mentes de algunos, que el amor, si bien no es el objetivo final de nuestras vidas, es la semilla de nuestra felicidad. Y créanme, no existe ningún otro origen a ella. Así que, aunque el viernes se nos acabe o no todo, tratemos de guardar hasta el último momento esa semilla. Porque algún día perderemos la lucha, pero que sea junto a la gente que amamos.

meditando-en-la-puesta-del-sol

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