VALENCIA: HUELGAS Y DESCONTENTOS

En publicidad existe un lema que dice que el que no se hace oír no existe. Y es cierto. No todas las huelgas ni manifestaciones son iguales, y les dejo a su entera sabiduría y criterios el diferenciarlas. Pero tengo que decir que la huelga de los trabajadores de Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana me parece más que justificada y es lo que más se asemeja a una Huelga – con H- de todo lo que he visto desde que vivo en Valencia (en transportes). Siendo yo también usuario – y afectado en el buen sentido de su connotación- de las huelgas de FGV no puedo más que respaldar las acciones que llevan a cabo los trabajadores de una empresa pública gestionada desde el interés económico y no social (cuando debería de ser con ambos criterios). Me duele – y no que me cueste- entender que a los usuarios “secuestrados” les sepa mal que trabajadores, que han elegido no hacer uso de otras posibilidades menos democráticas,  manifiesten de este modo su protesta y reivindiquen una salida menos costosa –humanamente- a la situación de falta de liquidez de FGV. “Que son pesados, que no nos dejan ejercer nuestra libertad, que son … etc… etc” pero valencianos y valencianas, ellos no son más que vecinos nuestros que como cualquier otro intenta defender con el marco constitucional en la mano sus puestos de trabajos. ¿A caso no se trata de eso en una huelga que paraliza parte de una sociedad? De lograr poner la autoridades en un aprieto y la gente frente a una realidad. ¿Creen a caso que de no haber protestado aunque fuera un solo día hubiera surgido la idea de preguntarse el porqué en la cabeza de muchos de los usuarios de FGV? Pero la vía de criticar, mirar únicamente su propio interés y no ver más allá del ERE en FGV las consecuencias para centenares de familias y miles de usuarios parece la más fácil.

Una sociedad moderna e independiente debe de ser trascendente en sus responsabilidades cívicas y coherente en sus aspiraciones; no puede pretender mejorar socialmente quedándose parada frente a lo que debe de cambiar. Es más, no debería de tirar la piedra al que se aqueja, sino tornar la mirada hacia el que la sujeta –a la sociedad- con un espíritu crítico llevando éste a la práctica del modo que empíricamente se nos ha demostrado eficaz. Reflexionen sobre el tema, y la próxima vez que se vean atrapados en esa huelga, pregúntense quiénes son culpables de qué.

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