ESPAÑA: CONJUGANDO ESPAÑOLIZAR

Españolizar. Aunque suene a colonial debo de decirle que tampoco me altera mucho la moral lo que dijo el ministro Wert. Si me permiten el símil, creo que ha sido dar una patada -una más- a un montículo de tierra que vamos cada vez deshaciendo y re-amontonando a menudo. La tierra no sale de su pie. Ni de su zapato. Él solo la patea; da igual en que dirección. Tenemos un problema en nuestra península ibérica; un problema de configuración. Una configuración que además parece deba ser bipolar; o todo o nada. O somos españoles hasta los huesos, o somos catalanes hasta los ossos; pero no hay catalanismo español. Él que pretende serlo, él que grita serlo, ni tan siquiera avala un referendum para escrutar qué opiniones forman la diversidad catalana. ¿Qué es lo que temen? ¿Una realidad tan fuerte que avalaría una amputación limpia? Lo dudo. ¿Unas cifras tan bajas que callaría de una vez por todas un falso debate?… Un extremo reniega la diversidad, o mejor dicho, apela a la historia pasada fundada sobre victorias y colonialismo nacional para censurar una cultura más que real, viva. En el otro extremo nos acercamos a los que cantan por la libertad y el libre derecho a la autodeterminación, escupiendo ellos mismos al progreso, la unión y la historia que a bien o a mal define su pseudo-estado dentro de un país. En ambos casos creo que todo es fruto del crecimiento excesivo de emociones sobre la razón que todos los partidos han sabido lograr desarrollar en cada catalán y no-catalán para después abanderar movimientos que no responden a una necesidad imperativa.

Demos paso a un referendum, conozcamos las opiniones que se cultivan en el caldo catalán sin que deban de ser vinculantes de por si. Abramos la posibilidad a una nueva organización de España y hagamos de ella un estado federal que contemple más eficientemente todas sus regiones. ¿A caso no son posibles varios sentimientos de pertenencia? Adaptemos los modelos de convivencia y no seamos conservadores estoicos. Pero sobre todo, dejemos de jugar con sentimientos nacionalistas – sea la nación que sea- y progresemos hacia lo que realmente importa, dejando de utilizar la educación para fines que no nos hacen mejores hombres y mujeres, sino mayores desgraciados. Wert habló de españolizar, y muchos otros – aunque no lo digan delante de una cámara- practican la “catalanización” de sus ciudadanos, alumnos o lo que sean; y no son mejores… Y que nadie se equivoque; también tengo mi sentimiento regional aunque sea de otro país, y siempre que puedo realzo la belleza, la diversidad y la singularidad de mi tierra y mi gente. Ya no hablo la lengua que antaño podía escuchar por mis calles del sur de Francia, y lamento esa pérdida cultural, cosa que envidio a los catalanes, vascos,valencianos, gallegos (…). Pero si suenan mis palabras con el acento que identifica mi región y con el arte que nos envidian muchos otros fuera del Languedoc.  Pero en ningún caso me siento menos francés ni español, por haber crecido en Occitania. Todo lo contrario, me siento como una pieza que completa un puzzle multicultural. Un puzzle con piezas que ni tenemos que descartar, ni deben perderse solas.

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