CIENCIA: JUGANDO A SER DIOS

Una buena noticia; o eso nos dicen. Científicos neozelandeses han “creado” una vaca genéticamente modificada que no contiene alérgenos en su leche. Una noticia que podría suponer un buen paso para aliviar los problemas de los intolerantes a la leche pero que tal vez define la decadencia hacia la que va la calidad y naturalidad de nuestros alimentos más básicos. Mientras en Nueva Zelanda se logra desarrollar una vaca sin beta-lactoglobulina – y sin rabo dicho de paso, por culpa de los errores genéticos engendrados- en Francia se abre una nueva -una más- discusión sobre la peligrosidad de lo OMG (Organismo Modificados Genéticamente). Y es que el asunto no es nimio; según un estudio del CriiGen (Comité de Recherche et d’Information Indépendantes sur le génie GENétique – Francia) y llevado a cabo durante dos años con ratas de laboratorio que ingirieron por un lado, maíz genéticamente modificado, maíz genéticamente modificado + herbicida de la marca Monsanto y maíz normal sin tratar, se ha observado que las ratas que comieron croquetas genéticamente modificadas presentaban un nivel de mortalidad y de tumores superior a los demás. Y no hablamos de cifras ligeras. La mortalidad supera 2 a 3 veces los niveles de ratas con alimentos “sanos” y un 50 a 80% más de tumores.

Imágenes de los tests llevados a cabo sobre ratas

Todo esto nos debe hacer reflexionar sobre dos preguntas esenciales; la primera es si los usos que llevados a cabo gracias a los progresos en genética que hemos logrado no están mal enfocado y nos pueden llevar a jugar malamente a ser dios. Pero la segunda pregunta -que creo la más oportuna actualmente- es saber que demonios estamos comiendo en estos momentos. Ante esta pregunta no son pocas las voces que dicen que “para lo que hay, total, toda la cadena alimenticia está podrida”; pero la realidad es que aún ante la desesperación o inercia de los consumidores debemos estar alerta a lo que se nos vende. Un ejemplo claro es el etiquetado que pocos de nosotros comprobamos a la hora de comprar ¿ cuántos somos los que miramos si el alimento ha sido modificado genéticamente?

Claramente creo que el mercado de los OMG representa una verdadero problema para la biodiversidad (por emancipación de las especies genéticamente modificadas que contaminan las demás), un peligro para la salud humana y un grave problema para la economía del sector agrícola (ya que solo una decena de multinacionales son las que controlan el mercado de las semillas, además de hacer una competencia desleal a los cultivadores ecológicos – vamos, de toda la vida-). Según Greenpeace, España sigue siendo el único país de la Unión Europea que cultiva transgénicos a gran escala (1.845.039 hectáreas) y uno de los pocos que permite el cultivo de maíz MON 810 de Monsanto, prohibido en muchos países de Europa. ¿Para cuándo una sociedad interesada e informada sobre lo que come y los riesgos que suponen los OMG? ¿Para cuándo unas autoridades sanitarias que identifiquen los problemas y hagan verdaderos estudios sin lobbycracia? Mientras tanto solo puede recaer sobre los consumidores el cuidado de estar alerta a lo que comen y el exigir a sus legisladores que controlen los que juegan a ser dioses.

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