SOCIEDAD: DE SERIES

No soy un gran fan de la televisión. Ni de series, ni de películas, ni de muchos programas que podamos ver en nuestra parrilla televisiva. Aún así llevo unos días con un sabor agradable después de ver dos series que de buenas a primeras, nada parecen tener en común. Black Mirror (Cuatro), una mini-serie con historias no relacionadas entre ellas que recuerdan las novelas distópicas y que con el primer visionado parece pegarle un escupiñajo a la dignidad de nuestras avanzadas sociedades; y The NewsRoom, otra nueva serie que se estrena mañana (Canal+) y que trata sobre un equipo de redacción de noticias en prime-time nocturno, con una reflexión de tela de fondo sobre la ética periodística. Dos series que van un poco más allá que la típica historia de amistades, amor y investigaciones truculentas, y nos lleva a -nuevamente- cuestionar la calidad de la oferta televisiva que tenemos en España. Más allá de las emisiones de divertimiento que solo son eso – una distracción momentánea de la atención, según la RAE- es muchas veces cuestionable la calidad informativa de todos los demás programas que no buscan ser, una distracción momentánea de la atención. Pero hoy el enfoque de mi entrada no iba tanto sobre la culpa que podemos tener los medios de comunicación en ese sentido – en muchos casos corrompidos por grupos de presión sean los que sean- sino por la culpa que puedan tener los espectadores como consumidores y jueces también. Como consumidores, porque la televisión no tiene ningún motivo en proyectar informaciones que el telespectador no se digne a ver. No estamos para educar, estamos para aportar información; y cuanto más veraz y trascendental, mejor. Como jueces porque de ellos depende la continuidad de un programa, la rectificación de una información, o la modificación de un modo de informar. Si el telespectador no se inmuta en el caso de escuchar que Valencia está en Cantabria y que Pinochet era un autoritario y no un dictador, pues que siga la champagne-shower de mentiras y propagandas que poco le importa al telespectador si le perjudica o no.

Todo esto viene porque – lo primero- les quiero invitar a ver dichas series que son muy interesantes. Pero sobre todo, porque quiero que se paren a ver el poder que todos los telespectadores tenemos en nuestros mandos de televisión y la capacidad de reivindicación legítima que nos ampara el negocio de la televisión. Quiero que se paren a zapear y pensar si esa es la televisión que nos merecemos, o si al menos es una televisión con una parrilla lo suficientemente amplia para dar un número mínimo de programas instructivos que no aturrullen más una sociedad demasiado drograda. Deseo que cuando vean la serie NewsRoom se pregunten dónde quedan en el mundo real esos periodistas que no se mueven por intereses y buscan informar la verdad; que entiendan que sin telespectadores que los apoyen, no pueden estos seguir existiendo a través de sus trabajos. Les pediría que cuando vean el primer episodio de Black Mirror se pregunten si ustedes mismo hubiesen mirado la televisión y juntado a esa sociedad que se ve autorizada a visionar su propia violación con un cerdo, sin ella misma darse cuenta de que la que esta ahí puercamente deshumanizada es ella. La televisión al igual que los políticos, por muy buena que pueda ser en algunos de sus contenidos, no es nada sin el apoyo de sus telespectadores y es nuestra responsabilidad a todos exigir calidad. Por cierto, lo repito, The Newsroom es una gozada, y dará mucho de que hablar, sobre todo aquí y en breves…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s