BLOG: HACIENDO UNA PARADA POR EL CAMINO

Hola a todos. Mi blog es para mi como un micrófono de radio con doble utilidad. La primera es la de hacerme practicar mi expresión escrita; ir trabajando muchos aspectos de mi escritura permitiéndome revisarla a posteriori y ver la evolución que ha conseguido. Se trata de un aspecto tal vez algo más personal, pero quiero que también lo sepan para que no quepe duda que la intención de mi blog no solo es la de dar a conocer unas opiniones. Se trata – porque al fin y al cabo así es la vida de manera general – de ir siendo emprendedor y aprender de manera práctica. Aunque – y retomando el penúltimo punto- utilizar este blog como altavoz de mis ideas y reflexiones, es desde luego la segunda razón vital de su existencia.

Vivimos en una sociedad en la cual todo parece salir a una velocidad siempre más rápida y que más allá de permitir un débito mayor de información, logra liquidar finalmente la precisión semántica de las palabras que utilizamos sin mucho cuidado. Por esa razón – y muchas más desde luego- un blog es un lugar de encuentro algo diferente; tanto para el lector como para los escritores. Se trata de un foro de conversación con reflexión, con tiempo, con impresiones variadas y variables, según quién las lea, las escriba, y en qué momento lo haga. No es lo mismo escribir un artículo nada más conocer una noticia – pillados a frío pero con la sangre que se recalienta en dos segundos hasta dejarnos con una crispación tatuada en el entre-cejas- que escribirlo cuando nos hemos dado algo de tiempo para reflexionar sobre lo que vamos a contar – y sobre todo, el modo en el que lo vamos a hacer-. Tal vez, lo complicado de un blog sea lograr “no irnos por las ramas” y encontrar el punto de inflexión que permita que todo el modo entienda la reflexión -aunque no la comparta-.

Como lo he hemos hecho cada año, vamos a marcar un parón para volver con más energía y algo renovados. Lo primero antes de marcar esa pausa es dar las gracias – que nunca están de más- por estos dos años en los que hemos recibido más de 6.000 visitas. Gracias. Quisiera despedir esta temporada con una historia que me ha conmocionado – a bien – en una época donde ya nada parece interesar y todo parece ser tolerable. Se trata de una historia simple, sin artificios ni nada truculenta. La historia de una mujer con unos cuantos años – unos cuantos sin pasarse, que no le permiten al menos ser etiquetada de moza- que viviendo con sus padres por no poder asumir algunos gastos, trabaja todo un verano para pagar dos cosas a sus cuarenta y pocos: sus estudios y una pensión a una decena de perros que ha recogido del olvido y del abandono. Se dedica a trabajar como muchos temporales lo hacen para dejar unos 700e de media en esos animales que nadie le ha pedido que recogiera y les diera otra oportunidad. Nadie en su casa sabe lo que hace, ni se puede imaginar que se gasta esa cantidad de dinero en animales que no volverá a ver ya que les paga las vacunas, los “chipea” y en cuanto puede, les encuentra una familia de adopción. Algunos la tacharán de loca, de inconsciente o tal vez de frívola. Yo solo me atreveré a llamarla “valiente”. Sé que ahora mismo lo está pasando mal; no por el dinero – que es lo que menos importa en esta historia aunque casi todos nosotros, y me incluyo, no entendamos ese gasto enorme para una persona con un sueldo mileurista- sé que lo pasa mal por la fragilidad psicológica a la que estamos expuestos cuando hacemos algo que no muchos entienden pero que tú sabes que está bien. Nacen -y sigo sin saber a día de hoy por qué- críticas, mentiras, discriminación y marginación hacia los que a veces quieren mejorar esta nuestra tierra. La historia de esta mujer es una manera de despedir una temporada de muchas malas noticias que hemos vivido – y que quedan por vivir- y que nos hacen pensar que nada puede cambiar, invitándonos pues al nihilismo más absoluto. Es una manera de contar cómo poco a poco, aunque sea de forma muy diminuta, una persona puede ir cambiando lo que rodea, y que como mínimo, a falta de ser imitada en su buena voluntad, consigue hacer lo que ella considera ser justo. Y eso a pesar de las mismas dificultades de la vida que todos conocemos. Así nos despedimos, sabiendo que aunque no lo sepamos y no lo griten las televisiones del mundo entero, hay mucha gente velando por nosotros. Un abrazo a todos.

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