ESPAÑA: PARALELISMO OLÍMPICOS

No cabe duda, la apertura de los Juegos Olímpicos Londinenses fueron brillantes. Una magnífica puesta en escena con un espíritu noble y patriótico que a uno – por mucho que hubiese preferido los JJOO en Madrid- le hace preguntarse “¿quién mejor lo hubiera hecho?”. Un repaso por la historia de Gran Bretaña, algo rápido pero bastante exhaustivo, sin dejar de lado el humor “tipical british” y las ganas de brillar y de llevar todo a la perfección que tienen los ingleses – por muchos defectos que luego les podamos encontrar-. Pero al ver la ceremonia que nos ofrecieron me veo obligado a preguntarme que tal nos hubiera salido a nosotros dicha ceremonia. Viendo el panorama actual no puedo dejar de pensar cuento tiempo habríamos tardado en ponernos de acuerdo sobre la exposición de nuestra historia desde los primeros habitantes de la península hasta nuestros últimos logros económicos – dicho con cierta ironía- pasando por la historia de los Reyes Católicos y la Leyenda Negra. ¿Nos habríamos puesto de acuerdo en como representar a Colón? ¿Cacique o explorador? Habríamos tenido suficiente consenso académico para hablar de dictadura o habríamos representado a Franco como un dirigente “autoritario”… Tal vez en el monte “Olimpo” habríamos tenido que poner unos cuantos escalones más hasta hacer caber todas las bandera autonómicas que componen nuestra diversidad nacional.

La realidad es que esta ceremonia podría ser una brillante invitación a la reflexión nacional sobre como presumimos de ser una gran nación consolida cuando ni tan siquiera logramos ponernos de acuerdo sobre algo tan objetivo como puede ser la historia que nos identifica. No sabemos hacer nuestro lo que fue y cualquier fisura es en España una puerta abierta a la discusión, tensiones y debates estériles que solo conducen al revisionismo constante y falta de identificación histórica. No parece existir en este, nuestro país, un sentimiento de lo que se ha conseguido, de las luchas que nos han permitido avanzar, o de las trabas y errores que nos han anquilosado, sin discutir, hacer uso del sentido común o del espíritu de progreso y fraternidad. Inglaterra no ha dejado de ser esa mezcla de nacionalidades, regionalismo, peleas entre conservadores y obreros. Ni tan siquiera ha dejado de ser la city junto a sus miles de parados que no llegan a final de mes. Pero desde luego -y es de envidiar- no deja de sentirse orgullosa de esa diversidad social, política y histórica que le permite mirar adelante y no ir hacia atrás como los cangrejos.

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