POLÍTICA: Andalucía sin debate (real)

Es algo que les encanta a nuestros políticos: presumir de tener una mega-super-increíble-jovencísima democracia. Si uno fuera cliente y los otros proveedores de servicio, solo faltaría el sello “calidad certificada” y por parte de los compradores, esperar una serie de servicios asociados a esa democracia “label garanty”. Pero ojo, que uno se va ahora a Andalucía, palomitas y Pepsi en mano y se encuentra con que el debate que permite afianzar su voto o decidirse en las próximas autonómicas no se hará. O al menos, no será como lo espera; un poco como el que se hace de la peña del Barça, espera ver un enfrentamiento contra el Madrid y se encuentra con un partido contra Figueres. No es que Izquierda Unida no interese en Andalucía -todo lo contrario, enriquece el debate –  pero ¿cómo debe de sentirse un votante andaluz que ve que el Partido Popular rechaza cualquier debate con la oposición?  Sinceramente me indignaría dicha postura que para nada va en el sentido de la democracia y solo demuestra la poca consistencia de las palabras de Arenas cuando éste habla de hacer un trabajo “ejemplar” por parte de los políticos. Pero Andalucía no es el único caso, y Castilla-La-Mancha fue otro, al igual que  Asturias y otras comunidades donde el deber de los políticos se transforma en excusas sin pie ni cabeza. El señor Arenas dice que no quiere jugar en un campo donde el árbitro es del equipo adversario, pero que eche un ojo a lo que paso en las valencianas y mire como un Carmen Oltra aceptó unos pocos minutos en Canal9 y los aprovechó de lo “mejorcito” (y las condiciones no son comparables ni de lejos, a beneficio claro del señor Arenas). La respuesta está en otro sitio, y es que el candidato conservador pasa de mover las estadísticas de un milímetro y prefiere no abrir la boca “no sea que se tuerza la cosa”; en otras palabras, copiar el modelo de Rajoy. En España no es el único ejemplo de falta de ejemplaridad y de lo contrario miren ustedes en cuantas elecciones de cuantos municipios no han habido ni debate, ni programa electoral incluso (!).  Lo que en cualquier país digno de la palabra “democracia” se vería como una falta total de respeto hacia los electores, aquí se contempla – se debate, cocina y digiere- como una simple anécdota que no es otra cosa que un insulto a la inteligencia y a la tolerancia (pero quizás es que faltemos de eso). En todo caso, el político juega sucio – con estrategia – pero sucio, y como sabe que en España somos más afines a la pandereta que a la exigencia, no espera ninguna crítica hacia su actitud anti-democrática salvo la de los tres o cuatro medios de turno. Una pena que Arenas hable de claridad … y que los andaluces no se la exijan.

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