JUSTICIA: GARZÓN Y LOS ROMANOS

Antes de todo, que nadie se equivoque; no me cae mal Garzón y se merece todo mi respeto; es más, lo considero mi superman de Spaincity y en mi fondo algunas noches le pregunto “¿por qué les ofreciste una oportunidad?”. Cierto es que creo que padece mucho de egocentrismo y algo de “teatrismo”. Y si me apuran y me piden que busque analogías en La Biblia – y verán que esté post tiene mucho de cristiano pero poco de  santo-  la figura histórica más cercana a él sería por afinidad la del Rey Salomón (aunque tal vez hemos de recordar que era Rey y Juez y éste otro, sólo Juez).

En nuestro País tenemos una tendencia de ir de un extremo al otro, del todo al nada, y así pues uno tiene que pensar con totalitarismo que Garzón se merece la peor de las penas o bien por lo contrario que se trata de un nuevo martirio. Tal vez no sea ni una cosa ni la otra, y que en realidad solo sea un kamikaze en cubierto que supo donde se metía, al igual que Cristo ante sus hermanos adelantando que uno de ellos le traicionaría. En ésta estampa pues, tenemos un Ignacio Peláez convertido en Judas, un Alberto Jorge Barreiro en Nerón y como no, Garzócristo. La historia de este juicio parece la trama de las brujas de Salem pero versión moderna; una fiscalía que por mucho que insista no logra defensa y un juez que para legitimar una actuación la cual no tenía tal vez legitimidad legal en sus manos, apela a Willy Brandt. Pero ya acabó todo, o casi… y los pretores sentenciaron, Roma cambio la fiscalía y Garzócristo fue crucificado, debiendo esperar algo más de 3 días antes de tal vez resucitar. Pero como buen testigo que soy y fiel a mis ideas y mis dudas, creo -en mi inmensa ignorancia- que deberíamos no solo de reflexionar sobre la farsa que parece haber orquestado ese Tribunal, sino también sobre lo que ha hecho el Juez Garzón. Porque como les he dicho al comenzar, no todo siempre es blanco o totalmente negro y si bien puedo compartir la misma preocupación que él en acabar con las ratas que plagan nuestra sociedad, no puedo por ello dejar de pensar que las reglas están hechas para ser respetadas y que no todo vale para erradicarlas. Y esto por una sola razón: porque como dice él, abrir la puerta a una sola excepción por muy legítima que parezca, es abrir la puerta a cualquier otra que no tenga tal vez las mismas pretensiones. Ahora solo queda ver en que ministerio de dios acabará Garzócristo, quién tomará su relevo y a por quién irán ahora las hienas sanguinarias de una Justicia que espero no acabe al servicio de unos pocos.

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