SOCIEDAD: Paga y recorta

El nuevo año suele venir acompañado de muchos deseos y felicidades; una cosa que aunque no parezca gran fortuna, al menos no puede ser recortada. Y con los tiempos que corren ya es mucho. Pero saben ustedes bien que cuando ya no queda nada por segar para ahorrar dinero, pues se aumenta el coste de las cosas. Tomando un bus de Barcelona esta tarde (estoy estoy día pasando las fiestas en la ciudad condal) tuve una interesante conversación con el conductor después de ver que el sencillo (billete simple de ida en zona normal y bus municipal) costaba 2 euros. Por si acaso, sí, 2 euros. Un precio que no se llega a pagar ni en Francia por un sencillo de transporte. Pero ya lo habrán constatado – o lo harán en los días que vienen- no solo el bus ha aumentado; también la luz, gas, transporte, combustibles, correo,… Como verán la mayoría de ellos servicios esenciales dedicados a la ciudadanía y por los cuales invertimos – la sociedad- nuestro dinero para dicha función pero que ahora no parece aprovechar a nosotros sino a algunos grupos; en definitiva, unos servicios que en la mayoría de los casos se han privatizado o tienen ahora un gestión semi-privada.

Mariano Rajoy dijo que no subiría los impuestos – y tenía derecho a nuestro voto de confianza- pero ha aprobado dicho aumento, y dejando congelado los sueldos de los españoles, está permitiendo más que decidir tarifas de buses o trenes, ahondar más la diferencia económica entre las clases sociales españolas. Y sencillamente porque pagar 1 euro más por viaje no tiene las mismas consecuencias presupuestarias a una renta de 3.000 euros al mes que a la de una de 641  euros (SMI). No es lo mismo pretender que la economía se relance manteniendo un nivel de bienestar mínimo a las familias españolas, que llevarlo a cabo haciendo que vivan bajo mínimos. El 22% de las familias españolas viven bajo el umbral de la pobreza, lo que recalca que aunque estemos en Europa, el esquema del reparto de riquezas no está tan lejos al de un país tercermundista. Si seguimos así la diferencia entre pobres y ricos alcanzará niveles insoportables llevando a un estado absolutamente liberal sin clase media para sostener la igualdad social que “tanto queremos”. No podemos ahogar y ahogar más las rentas medias y bajas mientras seguimos teniendo un segmento de la población irrelevante (pero envenenante)que no solo decide lo que tenemos que dejar de comer, sino cuanto impuesto “feudal” vamos a pagar. Me quedaré con la frase del chófer, que casi olvidándonos de desearnos el feliz año me dijo que aquí se pedían dos cosas: ajustarse el cinturón y bajarse el pantalón. Que se podía hacer una u otra, pero las dos a la vez nos era imposible.

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