SOCIEDAD: Los olvidados

Hoy quisiera hablar de los olvidados; y no lean en términos políticos. Por mucho que la crisis nos pase factura a todos siguen habiendo muchísimas personas que no tienen ni tan siquiera voz para hacerse oír. Justamente, ahora que la situación económica pasa por los peores ratos que nuestras generaciones hayan conocido, la situación de los más indefensos, pobres y en resumidas, marginados,  está siendo demasiada olvidada. La crisis les afecta a ellos también, pero no de la misma manera. Aquí ya no hablamos de paro ni de reajuste de sueldo; tampoco de más horas de trabajo o de subir los impuestos (ojala muchos pudiesen pagarlos). Hablamos de no tener de comer, dónde dormir, acceso a la educación o formación, y lo que es más grave en algunos casos, a una asistencia medico-social adaptada y adecuada. Lo peor además es que, como bien sabrán, cuando los gobiernos reajustan ciertos presupuestos ellos no se ven afectados de manera individual; no. Un recorte afecta a 1000, 10.000 y incluso 100.000 personas a la vez. No les hablo, en el caso de servicios sanitarios por citar un ejemplo, de atención primaria o acceso a cuidados de urgencia. Les hablo de atención especializada, de dedicación a todas estas personas que sufren psicopatologías; enfermedades infecciosas o raras que no siempre entran dentro del grupo de “normalidades”. Pero no todo es cuestión sanitaria; también se trata de las necesidades básicas que permiten a un ser humano aspirar a algo más que vivir tal un animal. Es escalofriante ver por ejemplo que en nuestro país el 20% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y que sin embargo durante esta crisis las riquezas de los más adinerados a aumentado exponencialmente. También es vergonzoso que cada año 63.000 toneladas de alimentos acaben en las basuras de España cuando sabemos que nuestros comedores sociales están llenísimos de gente proveniente de cualquier horizonte que no encuentran solución a su problema: el de comer y poder vivir.

Ya sé que todo esto queda algo teórico y parece una rotundez cuando cada uno de nosotros cada día puede ver esta situación por la calle (o no…); pero tal vez si que podamos hacer algo nosotros también y contribuir aunque sea mínimamente (pero sin poder igualar más la satisfacción procurada) con nuestro tiempo. Una hora al mes de voluntariado, de oreja que escucha o manos que apoyan. Apuntarse a una ONG o presionar nuestros políticos locales. Invitar, porqué no, a una comida a algún necesitado o incluso participar en las colectas de juguetes para niños desfavorecidos. Hay tanto que hacer y tenemos tanto por dar y así descubrir nuestra verdadera naturaleza que no caben aquí las posibilidades. Piénsenselo, quizás y solo así quizás, estos olvidados dejen de serlo.

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