SOCIEDAD: Lastres con Sastres

Este lunes 7 de noviembre nuestro país tendrá el honor de poder ver un combate de “titanes” entre el candidato del partido socialista y el candidato del principal partido de la oposición. Un honor porque apunto estuvo de no celebrarse y de tener que paliar la necesidad de ferocidad política a la que tenemos adicción los españoles con Águila Roja (cosa que no sabemos aún si no es más grata de ver). Uno de los puntos de inflexión que pareció no apreciar el Partido Popular y que casi ahoga nuestros deseos se sitúa en el canal de televisión a través el cuál se haría el debate; ni Televisión Española, ni ningún otro canal. Hemos de preguntarnos pues, si ello se debe al temor generado por sus periodistas o al hecho que no lograron hacerse con el control total del Ente público.

Otra cuestión fundamental que se decidió y que debería de llevarnos a una reflexión sobre la vida política en nuestro país y cómo se confrontan la ideas es esa censura al debate con la ausencia de periodistas, público y cualquier presencia externa; sí bien es cierto que los dos candidatos se comportarán como si estuviesen en uno (y no dudamos en que habrá acción) el formato pactado por los dos partidos no será otra cosa que una conversación telefónica entre dos colegas o algo así como un intercambio de ideas alrededor de unas bravas. ¿Dónde quedan entonces las preocupaciones de los españoles y la mirada crítica de los periodistas que requiere tal  intervención? ¿Es nuestra sociedad la que no se merece tal derecho o nuestros políticos los que no están a la altura de dicha responsabilidad? Lo que esta claro es que más que un espacio dedicado a intercambios de ideas que ayuden a centrar nuestro voto futuro de manera pensada, el debate parece estar cosido como una obra de teatro: sin lastres y con sastres; hagamos todo para no inducir a la reflexión.

Es lamentable pensar que nosotros europeístas afianzados con tradicional mirada crítica hacia los norte-americanos caigamos en una peor situación que la de ellos en la qué prima más el show que el contenido: ni tan siquiera accedemos a tener la mirada externa en nuestros debates. Y tal vez lo más lamentable es que esa indignación provocada por ello ni tan siquiera se asoma a nuestros balcones para provocar un rechazo a este tipo de censura. Pues tal vez entonces el problema sea de ellos pero la culpa nuestra, y es que sería inimaginable que dicho formato lograse por ejemplo llegar a termino en la televisión inglesa o francesa. No solo porque los políticos no se lo permitirían; sino porque la ciudadanía no lo consentiría. Pero aquí somos diferentes; pasotas. Preferimos aceptar un dúo más parecido a Pimpinela que un debate de líderes. No queremos preguntas de periodistas, de personas inquietas y profesionales advertidos; solo queremos ver un show de la televisión y votar al mejor ganador.  Pena que no lo podamos hacer directamente a través de la TDT: sería tan divertido!

Triste pero real: cuando los políticos que deberían de estar al servicio del pueblo invierten los papeles, el pueblo pasa a ser una herramienta de los políticos para llegar a sus fines y todo lo demás sobra. Solo cabe esperar que sea entretenido, de lo contrario no nos quedará otro remedio que sintonizar la repetición de Sálvame.

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